Las redes sociales han sido creadas para destruir al ser y alentar el parecer, creamos un clon virtual con nuestras mejores cosas para mostrar, escondiendo lo que somos realmente, como un espejo maldito en el que nos reflejamos, espejito espejito dime quien es el mas mas, le preguntamos a las redes sociales y estas contestan tienes 1000 likes en tu ultima publicacion eres tu, el mejor, y la vanidad revuelta con el narcicismo crear un corrientazo en la espina dorsal recargando al no-ser de su propia vanidad, es la danza de la ilusion maya donde no existe el presente sino una proyeccion de este limitada por el que diran, es un alejarse de si mismo en el instante buscando el olvido de si mismo, esperando que novedad aparece, que chisme fresco, que nuevo like pusieron en nuestra publicacion, que comentaron en nuestro comentario, cual es la opinion de los demas respecto a mi foto de portada, toda una bateria de distracciones que pueden crear tarde que temprano una burbuja solida donde el no-ser florece, adicciones, enfermedades psicologicas, bien dijeron los antiguos sabios, la mente odia el presente, y en el presente esta el secreto del ser, en el recuerdo de si mismo en el momento de autobservacion, esa voluntad pura que nos jala hacia el presente evitando las distracciones, ese momento real en que la mente calla y simplemente somos reales.
La avidez de novedades
Martin Heidegger
Ser y Tiempo
La curiosidad es una particular tendencia de ser del Dasein, en la que éste procura un poder‐ver3. Ni el “ver” ni tampoco el concepto de “visión” se limitan aquí a la percepción con los “ojos del cuerpo”. La percepción, en sentido amplio, deja que lo a la mano y lo que está‐ahí comparezca en sí mismo y “en persona” [“leibhaftig“] en cuanto a su aspecto. Este dejar comparecer se funda en un presente. Dicho presente [Gegenwart] ofrece el horizonte extático dentro del cual el ente puede estar “personalmente” presente [anwesend]. Pero la curiosidad no presenta al ente que está‐ahí para comprenderlo, quedándose en él, sino que busca ver sólo por ver y por haber visto. La curiosidad, en cuanto presentación que se enreda en ella misma, está en unidad extática con un respectivo futuro y haber‐sido. La avidez de lo nuevo es, sin duda, un avanzar hacia algo aún‐no‐visto, pero (347) de tal modo que la presentación busca sustraerse del estar a la espera. La curiosidad es por completo impropiamente venidera, y esto, a su vez de tal manera, que ella no está a la espera de una posibilidad, sino que en su avidez no hace más que apetecerla como algo ya real. La curiosidad se constituye por medio de una presentación incontenida que, no haciendo otra cosa que presentar, trata constante‐mente de evadirse del estar a la espera, en el que, sin embargo, está incontenidamente “retenida”. El presente “salta fuera” [“entspringt“] del correspondiente estar a la espera, y lo hace en el sentido ya destacado de un evadirse. Pero la presentación “que salta fuera”, propia de la curiosidad, está de tal manera poco entregada a la “cosa”, que, apenas ha logrado la visión de ésta, aparta de ella la mirada para echarla sobre la siguiente. La presentación que constantemente “salta fuera” del estar a la espera de una determinada posibilidad ya asumida, posibilita ontológicamente el desasosiego que caracteriza a la curiosidad. La presentación no “salta fuera” del estar a la espera de tal manera que, comprendida ónticamente, se separara de él y se entregara a sí misma. El “saltar fuera” es una modificación extática del estar a la espera, de tal manera que este estar a la espera va saltando tras el presentar. El estar a la espera renuncia, en cierto modo, a sí mismo, y no deja tampoco que las posibilidades impropias de la ocupación vengan a él desde aquello que es objeto de ocupación, a excepción de las necesarias para una presentación incontenida. La modificación extática del estar a la espera por medio de la presentación que salta fuera, que convierte a ese estar a la espera en un estar a la espera que salta detrás, es la condición tempóreo‐existencial de la posibilidad de la distracción. Mediante el estar a la espera que salta detrás, la presentación queda cada vez más abandonada a sí misma. La presentación presenta por mor del presente. Enredándose de este modo en sí mismo, el desasosiego distraído se convierte en la falta de paradero. Este modo del presente es el fenómeno máximamente opuesto al instante. En aquél el Da‐sein está en todas partes y en ninguna. En cambio, el instante pone a la existencia en la situación y abre el “Ahí” propio. Cuanto más impropio es el presente, es decir, cuanto más la presentación viene hacia sí “misma”, tanto más huye ella, en su cerrar, de un determinado poder‐ser, y tanto menos puede entonces el futuro retornar al ente arrojado. En el “saltar fuera” que es propio del presente, se da, al mismo tiempo, un creciente olvido. Que la curiosidad esté siempre en lo que viene después y que haya olvidado lo de “antes”, no es una consecuencia que se siga de la curiosidad, sino la condición ontológica para ella misma. Los caracteres de la caída que fueron mostrados más arriba —tentación, tranquilización, alienación y enredarse en sí mismo— significan, desde el punto de (348) vista del sentido tempóreo, que la presentación que “salta fuera” trata, por su propia tendencia extática, de temporizarse desde ella misma. El Dasein se enreda en sí mismo: esta determinación tiene un sentido extático. La salida fuera de sí de la existencia en la presentación no significa empero que el Dasein se separe de su yo y de su mismidad. Incluso en la presentación más extrema, el Dasein sigue siendo tempóreo, es decir, sigue estando a la espera y olvidando. Incluso presentando, el Dasein sigue comprendiéndose a sí mismo, aunque esté alienado de su más propio poder‐ser, que se funda primariamente en el modo propio del futuro y del haber‐sido. Pero, en la medida en que la presentación ofrece siempre “algo nuevo”, no deja que el Dasein retorne a sí mismo, y constantemente lo tranquiliza una y otra vez. Ahora bien, por su parte, esta tranquilización fortalece la tendencia al saltar fuera. La curiosidad no es “producida” por la ilimitada vastedad de lo que aún no ha sido visto, sino por el modo cadente de temporización del presente que salta fuera. Incluso cuando todo se ha visto, y precisamente entonces, la curiosidad inventa algo nuevo. El modo de temporización del “saltar fuera” propio del presente se funda en la esencia finita de la temporeidad. Arrojado en el estar vuelto hacia la muerte, el Dasein, inmediata y regularmente huye de esta condición de arrojado, que con mayor o menor explicitud le está desvelada. El presente salta fuera de su futuro y haber‐sido propios, y hace que el Dasein llegue a la existencia propia tan sólo mediante el rodeo a través de sí [a través del presente]. El origen del “saltar fuera”, propio del presente, es decir, de la caída en el estar perdido, es la temporeidad originaria y propia misma, temporeidad que hace posible el arrojado estar vuelto hacia la muerte.
La condición de arrojado, ante la cual el Dasein puede, sin duda, ser llevado en forma propia a fin de comprenderse a sí mismo en ella de un modo propio, le queda, sin embargo, cerrada en lo relativo al “de dónde” y al “cómo” ónticos. Pero esta obstrucción no es en modo alguno el mero hecho de no saber, sino que constituye la facticidad misma del Dasein. Codetermina el carácter extático de la entrega de la existencia al fundamento negativo de ella misma. El arrojamiento [Wurf] del estar arrojado al mundo no es, por lo pronto, cogido en forma propia por el Dasein; la “movilidad” de ese arrojamiento no se “detiene” por el hecho de que el Dasein ahora “existe”. El Dasein es arrastrado por el movimiento del estar arrojado; es decir, en cuanto arrojado en el mundo se pierde en el “mundo”, en su fáctico estar consignado a aquello de lo que hay que ocuparse.
El presente, que constituye el sentido existencial de ese “ser llevado”, no gana nunca por sí mismo un horizonte extático diferente, a menos que en el acto (349) resolutorio sea traído de vuelta de su estado de pérdida, para abrir, como instante retenido, la respectiva situación y, junto con ella, la originaria “situación límite” del estar vuelto hacia la muerte.
La avidez de novedades
Comentario acerca del presente
Fecha: 06.10.2016 | Autor: Miguel